La comunidad fueguina vuelve a movilizarse ante el intento de reactivar proyectos salmoneros

La comunidad fueguina vuelve a movilizarse ante el intento de reactivar proyectos salmoneros

n diálogo con Radio Provincia, Estela Domínguez y Ernesto Piana compartieron su preocupación por el impacto ambiental, social y económico que tendría habilitar este tipo de actividad en el Canal Beagle. “Ya lo vivimos en Chile. Sabemos lo que viene después”, advirtieron.

Desde Ushuaia, en comunicación con LU14 Radio Provincia, la periodista Anita Fernández dialogó con referentes locales ante un tema que vuelve a encender alarmas en el extremo sur del país: la posible instalación de salmoneras en aguas fueguinas, a pesar de estar expresamente prohibidas por ley desde 2021.

La preocupación se instaló en la comunidad a partir de iniciativas impulsadas por algunos sectores de la nueva legislatura provincial, que buscan modificar la normativa vigente para habilitar el cultivo de salmón en sistemas cerrados (RAS), lo que abre la puerta al retorno de una actividad ambientalmente cuestionada.

“La comunidad fueguina ya dijo que no. No queremos salmoneras en aguas abiertas ni cerradas”, expresó Estela Domínguez, licenciada en turismo y representante de la Asociación Bahía Encerrada. En diálogo con Radio Provincia, recordó el amplio consenso social que permitió sancionar la ley 1.352, que prohíbe el cultivo y producción de salmónidos en todo el ámbito provincial.

El antropólogo Ernesto Piana, investigador del CONICET y vecino de Tierra del Fuego, advirtió: “Las salmoneras tienen un impacto ambiental devastador y también consecuencias sociales graves. En Chile lo vimos: los pescadores pierden sus fuentes de trabajo, el fondo marino se destruye, y las ganancias quedan concentradas en pocas manos”.

Piana también remarcó las diferencias con Noruega, país de origen de muchas de las inversiones interesadas: “Allá no se permite trabajar en fiordos, y hay un sistema de control estatal muy fuerte. En cambio acá buscan operar sin los controles que tendrían en Europa, usando nuestros ecosistemas como zonas de sacrificio”.

Domínguez, por su parte, subrayó que la amenaza no solo afecta al ambiente, sino también al modelo de desarrollo de Ushuaia: “Nosotros vivimos del turismo. Lo que ofrecemos es paisaje, naturaleza, fauna. ¿Cómo vamos a permitir jaulas flotantes donde hoy la gente navega, observa lobos marinos y bucea en aguas cristalinas?”

“Esto no es solo un problema ecológico, es también una disputa cultural y política por el futuro de nuestra región”, finalizaron.

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