En diálogo con LU14 Radio Provincia, el productor Tomás Ciurlanti explicó cómo se articula el trabajo entre el sector privado, el Estado provincial y el dueño del campo para avanzar en la producción de avena y trigo en la Estancia Alice, un proyecto que empieza a mostrar resultados concretos en El Calafate.
La experiencia productiva se vincula directamente con la puesta en marcha de la planta de alimentos balanceados impulsada por Santa Cruz Puede. Ciurlanti contó que el desafío inicial fue repensar el proyecto para adaptarlo a la realidad santacruceña. “Cuando el gobernador nos presentó la idea de la planta, nos dimos cuenta de que los números no cerraban si la materia prima venía de otras provincias”.
En ese contexto, explicó que producir granos dentro de Santa Cruz cambia por completo la ecuación: “Si logramos generar el 70% de la materia prima en la provincia, bajamos los costos y podemos ofrecer un alimento balanceado de calidad y competitivo para los productores”.
Uno de los puntos centrales del proyecto es aliviar el peso que tiene la alimentación animal en los costos productivos. “En cualquier sistema ganadero, ya sea carne, leche, aves u ovinos, el mayor componente del costo es la alimentación. Y en Santa Cruz todo cuesta el doble por la distancia”, señaló. Por eso, remarcó que el objetivo es llegar también a los productores más chicos, que son los que más sienten esa carga.
La producción se desarrolla sobre unas 370 hectáreas y la estimación de cosecha ronda entre 600 y 700 toneladas de grano. Para Ciurlanti, se trata de una escala inédita para la zona y subrayó que el proyecto no hubiera sido posible sin una articulación clara entre distintos actores. “El productor solo no se hubiera animado a hacer esta escala, y tampoco había un mercado que justificara ponerse a producir grano”, afirmó.
En ese esquema, el rol del Estado fue decisivo. “El impulso del Gobierno provincial fue clave para que esto funcione”, dijo, y destacó el acompañamiento del Consejo Agrario Provincial, tanto en gestiones anteriores como en la actual. “Estuvieron al pie del cañón, aportando herramientas que nosotros no teníamos y acompañando cuando aparecía algún problema”.
Desde Agro Calafate, además de aportar maquinaria, insumos y mano de obra, comenzaron a incorporar trabajadores de la provincia. “Somos tres socios que estamos todo el día arriba de la máquina, pero ya se sumó gente de Río Gallegos y la idea es seguir incorporando personal local, capacitarlo y crecer de manera ordenada”, explicó.
Con la cosecha en marcha, el próximo paso será compartir los resultados con otros productores. “Cuando terminemos, vamos a hacer una reunión para mostrar balances y explicar cómo funciona esta actividad”, adelantó. La intención es clara: “Queremos mostrar resultados para que otros productores se animen, inviertan, busquen crédito y tecnifiquen su producción”.
“Esto es rentable y sostenible si se encara de forma técnica”, insistió Ciurlanti, convencido de que la experiencia puede abrir una nueva alternativa productiva en la provincia. “Estamos juntando fuerzas entre el dueño del campo, una empresa privada y el Estado para mostrar que hay otra forma de producir en Santa Cruz”.

